Un estudio pionero sobre el impacto del volcán en la salud respiratoria
La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) presentó este martes en el Hospital Universitario de La Palma los resultados del Proyecto ASHES (Analysis of Exposure and Respiratory Health Effects of Volcanic Eruption in the Canary Islands), el mayor estudio realizado en España sobre el impacto de una erupción volcánica en la salud respiratoria. La investigación, impulsada hace cinco años por el enfermero David Díaz tras acudir a una reunión de la junta directiva de SEPAR con un bote de ceniza recogida en la isla, ha realizado un seguimiento a alrededor de 1.000 participantes con distintos grados de exposición a los gases y cenizas del Tajogaite.
El estudio, desarrollado con la colaboración del Servicio Canario de la Salud (SCS) y el Instituto de Investigación Sanitaria de Canarias, incluyó población adulta y pediátrica, personas con enfermedades respiratorias previas y habitantes de las zonas más afectadas del Valle de Aridane, además de un grupo de comparación en el noreste de la isla. Los investigadores realizaron pruebas de función pulmonar, análisis de sangre y orina, cuestionarios detallados y un seguimiento periódico a lo largo de cinco años.
La presentación, que coincide con el quinto aniversario de la erupción iniciada en septiembre de 2021 y que se prolongó durante 85 días, contó con la participación del presidente de SEPAR, David de la Rosa, del gerente de los Servicios Sanitarios de La Palma, Francisco Ferraz, y de los investigadores principales Alberto Ruano, Ciro Casanova, Valle Velasco y David Díaz.
Hasta el triple de tos y el doble de alteraciones obstructivas entre los más expuestos
El principal hallazgo del estudio apunta a una relación entre el grado de exposición a la erupción y la presencia de síntomas respiratorios. Según los resultados presentados, la exposición a los gases y cenizas del Tajogaite se asocia con hasta tres veces más probabilidad de presentar tos y con el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar entre la población más expuesta, en comparación con quienes tuvieron una menor exposición. Un análisis específico con 474 participantes altamente expuestos confirmó un patrón dosis-respuesta: a mayor exposición, mayor sintomatología.
Los síntomas más frecuentes incluyeron tos, opresión en el pecho, dificultad para respirar, congestión nasal y dolor de garganta. Estos aparecieron durante la fase eruptiva y, en algunos casos, persistieron meses después de finalizar la actividad volcánica. "Los resultados muestran una relación entre la exposición prolongada a la erupción y la presencia de síntomas respiratorios, con afectación clara en la función pulmonar de los grupos más expuestos", señaló Alberto Ruano Raviña, investigador principal del proyecto y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago de Compostela.
El estudio también constató que las personas con antecedentes de enfermedades respiratorias, especialmente asma, y aquellas expuestas al humo ambiental del tabaco presentaron síntomas con mayor frecuencia y durante más tiempo. Además, se observó un mayor consumo de recursos sanitarios —la Atención Primaria fue el servicio más utilizado— y un aumento de consultas relacionadas con la salud mental y del uso de ansiolíticos en las zonas de mayor exposición.
Menores y pacientes con patologías previas: los grupos más vulnerables
Una parte destacada del Proyecto ASHES se centró en la población pediátrica. El estudio evaluó a 188 niños, niñas y adolescentes de entre 6 y 18 años residentes en las zonas más afectadas del Valle de Aridane, entre 10 y 17 meses después de la erupción. Los investigadores detectaron una mayor sintomatología entre los menores más expuestos y una mayor vulnerabilidad en aquellos que convivían con humo ambiental del tabaco o ya presentaban condiciones respiratorias previas, como el asma.
Datos presentados en el estudio indican que durante la erupción entre un 25% y un 50% de los niños comunicaron síntomas respiratorios como congestión, tos o molestias de garganta, y algunos continuaron presentándolos más de un año después de finalizar la erupción. La espirometría detectó alteraciones en aproximadamente el 6,5% de los menores, mientras que la medición de FeNO —indicador de inflamación de las vías respiratorias— identificó alteraciones en torno al 15%.
La doctora Valle Velasco, investigadora principal del proyecto en población pediátrica y neumóloga del Hospital Universitario de Canarias, subrayó que los estudios en niños sobre los efectos de erupciones volcánicas eran prácticamente inexistentes hasta ahora, lo que otorga especial relevancia a estos datos.
Asociación no implica causalidad: llamada a la vigilancia sin alarma
Los responsables del estudio insistieron en interpretar los resultados con prudencia. El diseño de la investigación permite establecer una asociación estadística entre exposición y síntomas respiratorios, pero no demuestra por sí solo causalidad. Para ello sería necesario disponer de mediciones previas a la erupción que permitieran comparar el estado de salud antes y después de la exposición, algo que no era posible en este caso.
Tampoco se ha establecido una relación entre la exposición al volcán y el cáncer de pulmón, aclararon los investigadores. "Una erupción no termina cuando cesa la actividad volcánica; la vigilancia sanitaria debe continuar y adaptarse a los perfiles más vulnerables, especialmente menores y personas con enfermedad respiratoria previa", señaló Ciro Casanova, neumólogo del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria y catedrático de Neumología de la Universidad de La Laguna.
El mensaje final de los especialistas es de seguimiento clínico continuado, no de alarma. El presidente de SEPAR, David de la Rosa, destacó que el proyecto nació "para convertir una emergencia real en conocimiento útil" que ayude a proteger mejor a la población ante futuras erupciones volcánicas. El equipo investigador ya ha anunciado su intención de continuar el seguimiento para comprender mejor la evolución de los efectos respiratorios a largo plazo.