Tras una caída importante o un accidente de tráfico, una persona puede levantarse, mover los brazos y las piernas e incluso caminar. Aunque aparentemente todo esté bien, esa capacidad de movimiento no significa necesariamente que la columna vertebral esté intacta. Puede existir una fractura cervical grave que todavía no haya afectado a la médula espinal, pero que entrañe riesgo de lesión neurológica si se desplazan las estructuras dañadas.
Así lo explica el Dr. Eduardo Hevia, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología y experto en patología y cirugía de la columna vertebral, quien advierte de que la ausencia de síntomas neurológicos no debe confundirse con la ausencia de lesiones graves.
«La gravedad y la estabilidad se determinan con una exploración y pruebas de imagen; conservar la sensibilidad y la fuerza no basta para descartarla», señala el especialista.
Una fractura vertebral no es lo mismo que una lesión medular
Aunque a menudo se utilizan indistintamente, una fractura vertebral y una lesión medular son dos problemas diferentes.
«La fractura vertebral se refiere a lesiones de la parte osteoligamentosa de la columna vertebral, mientras que la lesión medular se refiere a las lesiones que sufre la médula espinal, que es un tejido neurológico y parte del sistema nervioso central», explica Hevia.
Es posible sufrir una fractura vertebral sin que exista afectación de la médula espinal, una situación que, según el traumatólogo, representa la mayoría de las lesiones vertebrales.
También puede ocurrir lo contrario: que exista una lesión medular sin que las pruebas radiológicas convencionales muestren una fractura o luxación. Esto sucede en determinadas lesiones traumáticas, como las conocidas mediante el término SCIWORA, en las que el paciente presenta síntomas neurológicos pese a que las radiografías y el TAC no identifican alteraciones óseas visibles. Esta distinción resulta fundamental para comprender por qué una persona puede encontrarse aparentemente bien después de un accidente y, aun así, necesitar atención médica especializada.
El peligro de una fractura cervical que todavía no ha afectado a la médula
Las fracturas vertebrales pueden clasificarse, de manera general, en estables e inestables. Esta diferencia determina buena parte de su gravedad y del tratamiento necesario.
Las lesiones estables pueden soportar determinadas actividades habituales, mientras que las inestables presentan riesgo de desplazamiento que puede comprometer las estructuras neurológicas.
«Hay tipos de fracturas cervicales que, aun habiendo caminado después del accidente, precisan de cirugía por los riesgos de desplazamiento que causen lesión medular», advierte Hevia.
Por eso, cuando existe una lesión cervical grave, uno de los principales objetivos del tratamiento es evitar que se produzca ese desplazamiento y que a la fractura ósea se añada una lesión neurológica.
El especialista recuerda que conservar la fuerza, la sensibilidad o la capacidad para caminar no permite descartar una fractura cervical potencialmente peligrosa.
Qué hacer si sospechamos una lesión de columna después de un accidente
Uno de los errores más peligrosos tras una caída o un traumatismo importante es asumir que una persona no tiene lesiones graves porque puede levantarse o caminar.
Hevia insiste en que, ante la sospecha de una lesión cervical, deben evitarse los movimientos innecesarios del cuello hasta que los profesionales sanitarios puedan valorar la situación.
En estos casos, los equipos de emergencias siguen protocolos destinados a proteger la columna durante la atención y el traslado. La inmovilización cervical, cuando está indicada, busca impedir que los movimientos agraven una lesión existente.
«En cualquier accidente debe evitarse [...] dar por hecho que no existen lesiones y que todo está bien porque la persona se mueva e incluso aunque camine», explica el traumatólogo.
La valoración clínica y las pruebas de imagen permiten determinar si existe una fractura, comprobar su estabilidad y decidir cuándo puede retirarse la inmovilización.
¿Qué consecuencias puede tener una lesión medular?
Cuando el traumatismo afecta a la médula espinal, las consecuencias pueden ser especialmente graves.
La pérdida de movilidad o sensibilidad depende fundamentalmente de dos factores: el grado de afectación de la médula y la altura a la que se produce la lesión.
«La lesión medular, por sí misma, es una lesión de extrema gravedad. No podemos decir que existan lesiones medulares leves, aunque algunas tienen mejor pronóstico que otras», señala Hevia.
El especialista explica que se distingue entre lesiones completas e incompletas, utilizando sistemas de clasificación neurológica como la escala ASIA, y que el nivel de la lesión también resulta determinante.
Una lesión en las primeras vértebras cervicales no tiene las mismas consecuencias que otra localizada en una región inferior de la columna.
En las lesiones cervicales altas, el daño puede comprometer incluso la función respiratoria. Hevia destaca especialmente la importancia del nivel C4, cuya afectación puede alterar la función del nervio frénico, implicado en la respiración.
¿Cuándo es necesaria una operación de columna?
No todas las fracturas vertebrales requieren cirugía. La decisión depende principalmente de la estabilidad de la lesión y de los hallazgos de la exploración clínica y las pruebas de imagen, como radiografías, TAC y resonancia magnética.
«La indicación es muy específica y la establece generalmente un especialista en lesiones de la columna vertebral», explica Hevia.
En determinados casos, el tratamiento puede realizarse mediante inmovilización. En otros, es necesaria una intervención quirúrgica para estabilizar la columna o descomprimir estructuras neurológicas.
Cuando existe una lesión medular y la cirugía está indicada, el tiempo también puede ser importante.
El especialista señala que realizar una cirugía de descompresión y estabilización dentro de las primeras 24 horas, cuando está indicada, puede mejorar la recuperación neurológica frente a una intervención más tardía.
Sin embargo, puntualiza que esto no significa que todas las lesiones medulares deban operarse ni que la cirugía garantice recuperar el movimiento.
La recuperación de una lesión medular: los avances y sus límites
El pronóstico de las lesiones medulares ha mejorado considerablemente gracias a una identificación más temprana, una mejor atención de urgencia y el tratamiento de las complicaciones.
No obstante, Hevia recuerda que todavía no existe una cura capaz de reparar de manera fiable una médula espinal completamente dañada.
Las posibilidades de recuperación dependen fundamentalmente del grado de lesión neurológica y de su localización.
Además de la atención inicial, la rehabilitación especializada desempeña un papel esencial.
Los centros de lesionados medulares cuentan con equipos multidisciplinares que trabajan mediante fisioterapia, terapia ocupacional, cuidados específicos y tecnologías de apoyo.
El objetivo no es únicamente recuperar funciones cuando sea posible, sino también mejorar la autonomía, facilitar la participación en las actividades cotidianas y prevenir complicaciones, como infecciones, úlceras por presión o problemas respiratorios.
La importancia de no confiarse después de un accidente
Para Eduardo Hevia, uno de los mensajes fundamentales es que la gravedad de una lesión de columna no puede determinarse únicamente por la capacidad de movimiento de la persona accidentada.
Una fractura cervical puede existir sin provocar inicialmente parálisis, pérdida de sensibilidad o dificultades para caminar. Sin embargo, su estabilidad y el riesgo de afectación medular solo pueden determinarse mediante una valoración médica adecuada.
Por eso, ante un accidente importante con sospecha de lesión de columna, evitar movimientos innecesarios y facilitar una atención sanitaria adecuada puede resultar decisivo para impedir que una lesión vertebral se complique con daño neurológico.