Una cita electoral con poder limitado
Marruecos celebra este miércoles unas elecciones legislativas para renovar los 395 escaños de la Cámara de Representantes. La votación llega marcada por una profunda desafección ciudadana y por la sombra de la crisis migratoria de Ceuta, que centró la atención política durante el verano. Aunque los comicios definirán la composición del Parlamento y la coalición de Gobierno, no alterarán los pilares del poder en el país.
El sistema político marroquí reserva al rey Mohamed VI un papel central. La Constitución establece que el monarca nombra al jefe de Gobierno entre el partido más votado, pero no requiere que este sea candidato. Además, el Palacio controla directamente las carteras de Defensa, Interior, Asuntos Exteriores y Asuntos Religiosos, conocidas como 'ministerios de soberanía'. Esta arquitectura institucional limita el impacto de las urnas en asuntos clave como la política exterior o la seguridad.
Abstención y desencanto juvenil
La principal incógnita de estos comicios es la participación. En 2021, la abstención rozó el 50% sobre el censo de inscritos, pero el dato real es aún más bajo si se calcula sobre la población en edad de votar. Las previsiones para esta cita apuntan a una cifra similar. El desinterés es especialmente acusado entre los jóvenes: los menores de 24 años apenas representan en torno al 3% del censo electoral, una cifra que refleja la brecha entre la población y el sistema político.
El descontento juvenil se expresó con fuerza en las protestas de 2025, coordinadas por el colectivo GenZ212, que reclamaba mejoras en sanidad y educación frente al gasto en infraestructuras para el Mundial de 2030. Un año después, la percepción de falta de oportunidades persiste. La inscripción en el censo no es automática, y la combinación de apatía y barreras administrativas deja fuera a una amplia mayoría de los potenciales votantes.
Lekjaa irrumpe en la campaña
La figura que ha dominado la campaña es Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol y ministro delegado de Presupuesto. Lekjaa se inscribió en el partido PAM a finales de julio, después de años como tecnócrata sin militancia. Su incorporación ha tensado la relación entre los socios de la coalición de Gobierno, el RNI y el PAM, que concurren por separado tras acusarse mutuamente de intentar captar cargos.
El RNI, liderado por el actual jefe de Gobierno Aziz Ajanuch, y el PAM, de Fatima-Ezohra El Mansouri, comparten su lealtad a la monarquía y su defensa de la economía de mercado, pero compiten por un electorado solapado. Lekjaa, con una imagen de gestor exitoso por los triunfos deportivos, aspira a movilizar a los desencantados. El Istiqlal, tercer socio de la coalición, se mantiene al margen de esta pugna. La oposición islamista del PJD intenta capitalizar el desgaste gubernamental.
Ceuta, telón de fondo
La crisis migratoria de Ceuta, desencadenada a finales de julio con la entrada masiva de personas en la ciudad autónoma, planea sobre la campaña electoral. Aunque la política exterior y migratoria es competencia exclusiva del Palacio Real, algunos partidos han reivindicado la marroquinidad de Ceuta y Melilla durante los actos de campaña. Las autoridades marroquíes han reforzado la vigilancia en la frontera para evitar nuevos cruces masivos, y España mantiene un despliegue policial extraordinario en la zona.
La crisis ha evidenciado la fractura entre la población marroquí y sus instituciones. El éxodo hacia Europa, y específicamente hacia Ceuta, se percibe como una válvula de escape ante la falta de oportunidades. La paradoja es que Marruecos crece económicamente por encima del 4%, impulsado por inversiones en infraestructuras, pero la tasa de paro juvenil supera el 35% y afecta especialmente a los universitarios. Esa brecha alimenta tanto la abstención como la migración.