El mayor calentamiento se concentra en la montaña intermedia
La franja del Pirineo situada entre 1.500 y 2.200 metros de altitud es la que registra un calentamiento más intenso de toda la cordillera. Según los resultados preliminares de un estudio del Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat), entre 2002 y 2025 la temperatura máxima ha aumentado 1,8°C en ese intervalo y la mínima 2,1°C,equivalentes a ritmos de 0,77°C y 0,86°C por década respectivamente. El aumento se detecta en todos los niveles analizados —por debajo de 1.500 metros, entre 1.500 y 2.200 y por encima de 2.200—, pero se intensifica de forma notable en la franja intermedia.
El fenómeno, por el cual el calentamiento es más acusado en determinadas franjas de altitud, ya se había observado en otros macizos montañosos, pero no se había comprobado hasta ahora en el Pirineo, según explicó Pere Esteban, técnico del Meteocat. El estudio se ha elaborado con datos diarios del período 2002-2025 procedentes de las estaciones meteorológicas de la zona y de una nueva estación automática instalada en Bonabé, a 1.700 metros, así como sensores de temperatura y humedad en transectos altitudinales del Pirineo catalán y aragonés colocados cada 200 metros.
Inviernos más cálidos y retroceso de la nieve
El invierno es la estación que registra los incrementos térmicos más acusados. En esta época del año, la temperatura máxima ha aumentado 2,9°C y la mínima 3,1°C en los últimos 24 años. Los investigadores vinculan este comportamiento diferencial con la evolución de la cobertura de nieve: por debajo de 1.500 metros la nieve es escasa y esporádica, mientras que por encima de 2.200 metros se mantiene una capa persistente durante el invierno. Es precisamente en el intervalo intermedio donde el retroceso de la nieve resulta más evidente, lo que según Esteban apunta a una posible correlación aunque requiere más análisis.
En paralelo, el boletín BICCPIR —elaborado por el Meteocat en el marco del proyecto Life Pyrenees4Clima— constata que el Pirineo pierde tres días de helada por década y gana 4,9 días de verano por década (días con máxima superior a 25°C). En términos acumulados desde 1959, la cordillera cuenta con 20 días menos de helada y 32 días más de verano. La temperatura media anual del Pirineo ha subido 1,9°C desde 1959, con un incremento de hasta 2,7°C en verano. El responsable del equipo de cambio climático del Meteocat, Jordi Cunillera, describió una tendencia clara hacia un clima pirenaico «más cálido en su conjunto y, en la vertiente sur, más seco».
Un proyecto europeo para la adaptación transfronteriza
Los resultados se presentaron en las jornadas técnicas del proyecto europeo Life Pyrenees4Clima, celebradas en la estación de montaña de la Vall de Núria (Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya). El proyecto, iniciado en 2024 y con vigencia hasta 2031, cuenta con un presupuesto de 19,8 millones de euros y busca conectar ciencia, administraciones y gestores del territorio para desarrollar herramientas de adaptación al cambio climático compartidas en todo el Pirineo. La coordinadora del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC), entidad que lidera la iniciativa, subrayó la necesidad de anticiparse mediante el conocimiento de la evolución del clima y destacó que los efectos del cambio climático superan las fronteras, lo que exige cooperación transfronteriza.
El proyecto implica a territorios de España, Francia y Andorra. En España participan Cataluña, Aragón, Navarra y Euskadi; en Francia, Nueva Aquitania y Occitania. La Oficina Catalana del Cambio Climático coordina los socios catalanes en ocho experiencias demostrativas de adaptación que abarcan ámbitos como la economía de montaña y la protección frente a riesgos naturales. Entre los socios figuran el propio Meteocat, el Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, varias universidades catalanas y el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC, que aporta datos del Pirineo aragonés.
Las proyecciones presentadas en el marco del proyecto apuntan a que la temperatura estival en el Pirineo podría aumentar hasta cinco grados a final de siglo en un escenario de emisiones considerado muy probable, junto con una reducción de las precipitaciones de en torno al 15% y un aumento de las sequías. Se trata de escenarios de futuro, no de tendencias ya observadas.